Reflexiones del pastor. Cargar con la cruz todos los días. Domingo, 31/8/2014

REFLEXIONES DEL PASTOR
DOMINGO 31-8-2014
XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
  
CARGAR CON LA CRUZ TODOS LOS DÍAS
Mt 16, 21 – 27

La vida y la espiritualidad cristiana en muchos casos se han basado en una interpretación no correcta de la palabra de Jesús. Así, “renegar de sí mismo” se ha entendido como refrenar, reprimir el cuerpo con sus bajos instintos, ocasión de pecado. En este sentido, parece tener la siguiente oración: “te pedimos que, evitando los placeres nocivos, pongamos los ojos en las realidades eternas”. Esta petición resuena a antigua pretensiones y recelos acerca de todo aquello que hace dichosa nuestra existencia: el gusto por la vida, el placer, las fiestas… Como si un dios aguafiestas, celoso de nuestra felicidad estuviera reclamando siempre sacrificios y mortificaciones.


Una importante asignatura pendiente en nuestro mundo actual es la felicidad. Varias son las propuestas y teologías que se nos ofrecen. Según unos, la felicidad coincide con la belleza, el triunfo y el dinero. Ahí están las revistas, programas de televisión, propagandas, donde se nos pinta sus maravillas. Pero, ¿en realidad hacen felices a las personas? Hay otros que la buscan en la India, en el yoga o en la meditación trascendental; otros en la “vida natural”, alimentación sana o sexualidad satisfactoria como meta exclusiva. Por otro lado, la gente a la que se le ve feliz apenas habla del tema, hace propaganda, parece darle poca importancia y mucho menos vive obsesionada por ella. Lo que les preocupa e interesa son las cosas y los problemas de los otros.

Jesús, que optó por ser feliz al estilo de su Padre y luchó por la felicidad de todos, principalmente por la felicidad de los oprimidos, marginados, desgraciados, nos hace la siguiente propuesta desconcertante: “renegar de sí mismo”, que significa “vivir de cara a los demás, vivir de cara para los otros, no ser egoístas”, y por tanto colocar en segundo lugar los propios intereses, renunciar al éxito, al triunfo, tal como se entiende en nuestro mundo. En definitiva, elegir “ser pobres”: ¡qué felices, qué dichosos, qué bienaventurados son los pobres! Esta fue la experiencia de Jesús y la de sus seguidores.

Tomar la cruz es la traducción de las últimas bienaventuranzas en las que Jesús promete la felicidad a quienes son perseguidos por ser fieles al Evangelio. Jesús con esta propuesta no está predicando la resignación. La cruz que hay que llevar es la misma que llevó Jesús. Él no se calló ante la injusticia, ni se resignó ante el dolor humano. Y por eso lo mataron; por lo que habló, por su lucha a favor de la felicidad de los pobres, de los enfermos, los desgraciados para el mundo. Esa fue su cruz; y esa es la cruz que espera de sus seguidores.

Jesús no buscó el sufrimiento, no quiere que lo busquemos nosotros; pero lo que Él no hizo y no quiere que nosotros hagamos es huir cuando nuestra fidelidad a favor del Evangelio se vea atacada  por los nuevos letrados y poderosos de este mundo. Jesús no nos invita a sufrir, sino a amar. Que mantengamos la fidelidad en el amor es lo que nos pide, y aunque nos puede acarrear la persecución de quienes viven mejor y con más privilegios.

Pero Jesús no se para solo aquí, nos anuncia también la resurrección y se la promete  a sus seguidores. El que siga las huellas del crucificado acabará triunfando. Por eso, “renegar de sí mismo” y cargar con la cruz no es renunciar a la vida feliz, sino aprovecharla mucho mejor; es optar por una felicidad más profunda y amplia para todos, la que nace de la experiencia del amor compartido. La cruz es nuestro compromiso, la cruz es nuestra responsabilidad, la cruz es la obligación de cumplir con nuestro trabajo todos los días de nuestra vida y hacerlo con propiedad evangélica, es decir, hacerlo con el amor de Jesús.

+Roberto de Coro
@MonsLuckert