Reflexiones del pastor. Dios es Uno y Trino. Domingo, 15/6/2014

REFLEXIONES DEL PASTOR

DOMINGO 15-6-2014
FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

DIOS ES UNO Y TRINO
Jn 3, 16 – 18

La fiesta de la Santísima Trinidad deberíamos celebrarla como una de las grandes fiestas de la comunidad cristiana, ya que cada vez que nos juntamos sus diferentes miembros para celebrar la fe, para profundizar en ella o para relacionarnos entre nosotros, se fortalece nuestra comunión, el reflejo de que cada comunidad es de nuestro Dios Uno y Trino, comunión de las tres divinas personas.

Esta fiesta, junto a la del Corpus y la del Sagrado Corazón de Jesús, se conoce como fiesta de la transición entre el Tiempo de Pascua y el Tiempo Ordinario; su origen es más dogmático que es histórico – salvífico. Es fruto de las controversias del primer milenio a propósito de la divinidad e igualdad de las tres Personas.

Demasiados miedos en nuestra Iglesia han generado el “abandono” de hombres y mujeres a los que no se les dejó crecer en su pensamiento, en el ejercicio de una autoridad más democrática y corresponsable, y en la experiencia de una vida comunitaria más participativa y creativa, tanto en el anuncio del Evangelio y en los ambientes obreros, universitarios y en los colectivos marginales, como en las celebraciones de la fe y en el ejercicio de la caridad con un carácter más social y político que de beneficencia.

En otros tiempos quizás era más importante la doctrina que la vida, pero actualmente la Iglesia está más necesitada de “testigos” creyentes que sepan dar razón de su estilo de vida y de su compromiso con la causa de los pobres, que de “sabios” practicantes de normas canónicas y litúrgicas, que desde una vida acomodada anatematizan a los que se meten en el “barro” de la vida.

Todos los cristianos, Ministros Ordenados o Servidores de las comunidades hemos de revisar permanentemente desde la vida cotidiana nuestra experiencia de Dios y nuestra experiencia eclesial. Todo ello lo deberemos hacer a la luz del Evangelio.

Actualmente, gracias al trabajo de muchos teólogos nos han descubierto que Dios también es Madre. Y entre todos vamos profundizando en unos rasgos de Dios: su ternura, su compasión, su fortaleza, su presencia cotidiana entre todos. A los que en otros tiempos no se les daba mucha importancia, incluso se les malinterpretaba.

Desde esta experiencia de Dios “Madre” nada humano le es ajeno. Todas las personas son para Él objetos de su amor y todas se convierten para nosotros en imagen de su presencia,  desfigurada por las deficientes relaciones humanas.

Así, decimos que es mucho más fácil descubrir la presencia de nuestro Dios en los espacios de “encuentro” de personas, y mucho más si en esos espacios el máximo interés está en hermanarnos y no en defender intereses de razas, de familia, de clase social o cualquier otro que nos distancia o nos pone a uno por encima de los otros.

Jesús, el Hijo de Dios, es nuestra referencia fundamental. Él es la culminación de la revelación de Dios y nos impulsa a la plenitud que todos llegaremos a ser. Hemos de intentar vivir como hijos en el Hijo.

La Buena Noticia de Jesús, el Evangelio, es el “libro” más leído, proclamado y estudiado de todos los tiempos. A la vez su mensaje nos conecta maravillosamente con Dios y con todas las personas, y nos capacita para crecer como tales durante toda nuestra vida.

Su lectura en grupo, ayudados por alguien que lo haya estudiado, nos va llenando de vida. La referencia permanente, en nuestra oración y en nuestra vida cotidiana, va conformando nuestro ser creyente. Y la transformación que va produciendo en nosotros nos convierte en mensajeros de buenas noticias y de buenas acciones.

La Persona más importante… ¿Qué hubiera sido de la Iglesia sin su presencia y qué sería de nosotros? Y sin embargo, la que menos se le conoce porque hemos hablado menos de ella: el Espíritu Santo.

En estos últimos tiempos, por diferentes motivos, está adquiriendo mayor protagonismo en la vida eclesial y en la literatura teológica.  Algunos afirman que este milenio será el del Espíritu Santo.

Una comunidad de bautizados que muestra en su ser y en su actuar cómo vive un grupo de seguidores de Jesús, el Hijo de Dios, está animada por el Espíritu Santo. Ya que el mismo Dios Uno y Trino es el modelo de vida comunitaria en la Iglesia y se va manifestando a los hombres a lo largo de la historia. Las realizaciones concretas de esta vida comunitaria que han ido surgiendo nacen y continuarán apareciendo, no son sino reflejos más o menos fieles de esa vida trinitaria a la cual nacimos todos el día de nuestro bautizo.

El bautismo que hemos recibido nos incorpora a la vida de la Iglesia en nuestra comunidad concreta. En ella celebramos la fe en la Santísima Trinidad de la que recibimos la vida que cada día compartimos con las personas y les anunciamos que también ellas son salvadas en la muerte y resurrección de Jesús.

Vivamos este misterio trinitario en nuestra vida personal y comuniquémoslo con nuestra acción de amorosa caridad comprometida, especialmente con los más pobres.

+Roberto de Coro
@MonsLuckert