Reflexiones del pastor. Sed de Dios. Domingo, 23/3/2014

DOMINGO 23-3-2014
III DOMINGO DE CUARESMA

SED DE DIOS
JN 4, 5  – 42

Es urgente que busquemos encuentros con Jesús – fuente fresca e inagotable – para dialogar con él y saciar la sed profunda que acompaña a cada ser humano. El pueblo y el desierto sufren la sed y se rebela contra Dios; Jesús es el agua viva que sacia las sequedades profundas del ser humano.

Jesús nos espera a cada uno al borde del pozo de Jacob cuando venimos a sacar aguas desde las preocupaciones cotidianas y nos invita a beber el agua que nos sacia, reconstituye y renueva.
El hombre y la mujer comen y beben para vivir. Todos vivimos porque bebemos agua y comemos pan y si dejamos de hacerlo, o no podemos hacerlo, desaparece la vida y asoma la muerte.


El temor a que falten el agua y el pan nos conduce a almacenarlos, conservarlos, defenderlos, es decir, a tener, a ahorrar, a mirar al otro como un posible ladrón. La sequía, el hambre, el efecto invernadero, el agujero en la capa de ozono, la desertización de la tierra, la guerra biológica, el desempleo, la pobreza… ¿son consecuencias de lo anterior? O ¿son las causas que despierta en nosotros el temor?
Hombres y mujeres queremos plantearnos la cuestión y buscar juntos la respuesta y las correcciones que debemos dar a nuestra vida, si es la una o la otra. Ya que no es lo mismo que sea causa o consecuencia.

Encontrar una FUENTE, cuidarla, acudir a ella a recoger agua cada día; sentarse a una mesa en la que siempre aparece el pan para compartir, no es lo mismo para nosotros que para un pueblo marginal en lugares desérticos. Eso que estamos hablando del pan y del agua algo básico y fundamental para la vida de todas las personas.

Vamos más allá: y si la fuente no se agotara, y si el pan apareciera sobre la mesa sin saber cómo. Y si todo fuera un regalo… Este domingo la liturgia nos propone el pasaje de la samaritana. En él aparecen el agua y el alimento, la búsqueda de los mismos y la oferta gratuita de otra agua y de otro alimento. Se habla de beber, de comer y de Dios, pero nadie bebe, ni come, ni reza. Hay unos “movimientos”; idas y venidas hacia Jesús; la mujer samaritana, los discípulos, los samaritanos,  unos “diálogos” de lo más sabroso, entre ellos y unos descubrimientos: la fuente de agua viva, “ese otro elemento”, el culto en espíritu y en verdad.

Estos movimientos, diálogos y descubrimientos, son toda una invitación a dedicar unos ratos más largos que el de la misa del domingo, a ponernos en la piel de alguno de esos personajes que van a buscar, que traen un alimento, que Jesús no les recibe, que escuchan el relato de una mujer, que se acercan a ver qué pasa con ese tal Jesús, que confiesan que lo han visto y oído por ellos mismos. Pueden ser también para todos nosotros la respuesta a tanto movimientos que no lleva a ninguna parte; a tanta palabra que no aporta nada y a tanto avance técnico que, más que liberar a las personas, nos esclaviza. Respuesta también a la búsqueda sencilla, a los pequeños pasos que colectivos concretos van dando para saciar el hambre y la sed de los más débiles.

Jesús en su itinerario hacia la Pascua, la Cuaresma nos presenta hoy la primera de las catequesis de preparación para el bautismo, cuya celebración solemne tiene lugar en la vigilia pascual. El signo de este día es el agua viva, que por la fuerza del espíritu, significa y realiza la vida nueva en Cristo Resucitado. Como hizo con la samaritana, dejemos que Cristo transforme nuestro corazón y adoremos al Padre en espíritu y en verdad en esta eucaristía dominical y en el templo de la vida.

Aquel que ha conocido a Jesucristo y ha sido conocido por Él no puede ya sino transformarse en testigo de esa experiencia transformadora. Vayamos así a la vida para que, por nosotros, también otros crean que Jesucristo es el salvador del mundo.

La samaritana convertida al encuentro con Jesús se convierte en misionera anunciadora de las maravillas de un hombre que da un pan de vida y un agua que salta hasta la vida eterna.

+ Roberto de Coro
@MonsLuckert